Hace 5 años mi vida cambió para siempre. De manera repentina, inesperada y desagradable. De manera triste y brusca.
Hace 5 años mi tío cogió el coche para ir a trabajar, pero nunca llegó a su destino.
Realmente fue un día extraño. No recuerdo a que hora me levanté o que pensé al hacerlo, pero seguramente fue una tontería porque ni siquiera sabía que él ya no estaba, ni sabía todo lo que se me venía encima.
A las tres de la tarde sonó el teléfono. Mi madre le dijo a la chica que me cuidaba lo que había pasado, la versión que me llegó a mi es que , por motivos de trabajo llegarían tarde y me tendría que quedar en casa de esa chica. Hasta ahí todo era aparentemente normal, pero yo sabía que algo no iba bien. Tuve un mal presentimiento, pero me reprendí mentalmente, llamándome paranoica, y cogí mi película favorita para tener que hacer esa tarde.
Recuerdo que, viendo Mulán, hubo un momento en el que me quedé sola y me eché a llorar. Estaba asustada. La excusa que me habían dado para que mis padres no volvieran a casa por la tarde tenía menos sentido cada vez. ¿Y si le había pasado algo a mi madre? ¿O a mi padre? ¿O a alguno de mis abuelos? Se suponía que había llamado mi madre, pero yo no había hablado con ella por teléfono, así que no sabía que esperar.
No sé que hora era cuando sonó el timbre: habían ido a buscarme. Bajé al portal, nerviosa.Recuerdo que al llegar abajo y ver a mi madre esperándome la abracé con fuerza. Ella me dio la mano y me acompañó hasta el coche. Yo había visto que conducía mi padre y estuve a punto de echarme a llorar de alegría.Me senté en el asiento trasero y, al poco rato de arrancar el coche, me dieron la noticia. El cliché de "fue como si durante unos instantes el corazón dejara de latirme" cobró sentido para mí.
"Tu tío tuvo un accidente" me dijeron.
No. Aquello no podía ser. Eso sólo le pasaba a la gente de la tele. Aquel mismo sábado habíamos comido todos juntos y nos habíamos reído un montón con él.
"Pero.. ¿Está bien?"pregunté.Mi madre fue incapaz de contestarme. Se limitó a negar con la cabeza.No sé cuanto tiempo tardé en empezar a llorar, pero en aquel momento dejé de creer en Dios, en la justicia y en el Príncipe Azul. A partir de ese momento exacto comencé a crecer, a hacerme adulta de una forma rápida y dolorosa. Creí que nunca volvería a ser capaz de reírme.
Quince días después de aquello empecé de nuevo al colegio, pero aunque las cosas seguían más o menos igual, yo había cambiado. Me aislé de los demás, sólo mostraba mal humor,amargura y resentimiento con el mundo. Odiaba a la gente que se preocupaba por los cotilleos, por creerse superiores por salir de discotecas, por todo tipo de cosas estúpidas. Y me refugié en los libros y en la escritura.Siempre me gustó leer y escribir y, si no hubiera sido por eso me hubiera vuelto loca.
2º de la ESO fue mi año oscuro y a partir de ahí fue cuando me desconecté del mundo. Tal vez por eso tardé en volver a tener amigos de verdad. Tal vez por eso quiero a mis amigos de un modo que nunca hubiera imaginado. Porque puede que sean pocos, pero los quiero con toda mi alma.
A partir de ese 28 de agosto de 2002 nunca volvería a ser la misma.La verdad es que ahora que ha pasado el tiempo prefiero ser como soy. Seria, responsable y madura según los que no me conocen del todo(amargada, me llaman algunos), loca, divertida y habladora según los que sí. Tengo claras mis prioridades, tengo carácter y hago lo que quiero proque quiero, no por lo que vayan a pensar o decir los demás de mi, porque no me importa. Me gusta poder decir eso sobre mí misma y no pienso perder el tiempo preguntandome si habría terminado igual si las cosas hubieran sucedido de otro modo porque no me serviría de nada.
Lo sé, meláncolico a más no poder. Depreimente. Pero es que aún tengo el recuerdo del día que pasé hace un año y no podía dejar que fuera igual. Mis padres y yo, solos en mi pueblo sin dirigirnos la palabra en todo el día. Mi padre veía la televisión, yo hacía un puzzle y mi madre estaba en el porche de la casa. Los tres en silencio, pero sin duda acordándonos de que día era, penando cómo nos habíamos sentido aquel día 28 de agosto de 2002. Por eso no quiero quedarme en silencio y por eso he escrito esto, aunque no sé si habrá alguien que lo lea.
Besos:
Cris